Carta desde Washington

Blog de Álvaro Vargas Llosa, escritor y periodista

Viernes 1 de noviembre de 2013 argentinaSUBIR

Argentina: ¿Y ahora qué?

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Es difícil no usar adjetivos robustos para describir la victoria opositora en las elecciones argentinas el domingo pasado: las fuerzas de la oposición lograron, sumadas, un total de 64% de los votos contra menos de un tercio por parte del kirchnerismo. El gobierno perdió casi cinco millones de votos con respecto a los comicios presidenciales que ratificaron a Cristina Kirchner en 2011.  

El gobierno tiene un relato distinto, basado esencialmente en la fragmentación de la oposición, que mantiene al kirchnerismo como la primera fuerza del país. A diferencia de las derrotas de un Carlos Menem o un Fernando de la Rúa en sus últimas elecciones legislativas antes de dejar el cargo, en las que la oposición estaba aglutinada alrededor de una fuerza preponderante, aquí la dispersión opositora facilita el discurso del kirchnerismo. Un discurso que no apunta a convencer a la gente de que ha votado de un modo distinto a como ha votado (sería imposible, dada la contundencia del voto contra el oficialismo en cinco distritos electorales que representan más del 70% del padrón electoral), sino a evitar la estampida de la clientela supérstite.

Y también a otra cosa: impedir un ablandamiento político del gobierno. Así como en 2009 Néstor Kirchner, con su esposa de presidenta, reaccionó ante la derrota en las legislativas empujando una ley de medios contra el Grupo Clarín, ahora un círculo cercano a la mandataria quiere mantener la presión sobre las instituciones. La decisión insólita de la judicatura de declarar “constitucional” esa misma ley de medios apenas dos días después de las elecciones del domingo, así como la forma en que han celebrado esta decisión en la Casa Rosada, indica que el sector más “duro” del gobierno quiere impedir cualquier mejora del clima de enfrentamiento.

A eso apunta también el ajuste de cuentas que está teniendo lugar por parte del núcleo cercano a la presidenta contra los llamados peronistas “moderados”, como Martín Insaurralde, el oficialista cuya lista fuera derrotada en la provincia de Buenos Aires, y al gobernador Daniel Scioli. Culpando a los “moderados”, los kirchneristas de La Cámpora y otros sectores radicales del kirchnerismo pretenden hacerse aún más fuertes y prevenir cualquier forma de concesión política. Como la presidenta está fuera de circulación por razones médicas, flota sobre el ambiente en Argentina, donde estoy escribiendo estas líneas, la duda de si ella misma impulsa esto desde la trastienda o si se trata de sus allegados pretendiendo fortalecerse tras el resultado electoral.

No es descabellada la hipótesis del endurecimiento político, teniendo en cuenta que, forzado por las circunstancias, el gobierno va a tener que hacer concesiones en materia económica.

La hemorragia de divisas que se viene produciendo a diario por tratar de evitar la devaluación está llevando al país a una situación muy delicada. El hecho de que la oposición (sobre todo la Unión Cívica Radical) haya sacado tantos votos en algunas provincias donde sí ganó el kirchnerismo da una idea de hasta qué punto esto está teniendo consecuencias. Endurecerse políticamente para contrarrestar el debilitamiento que supondría hacer concesiones en lo económico tendría lógica.

Pero no estoy nada seguro de que puedan darse ese lujo: a diferencia de 2009, cuando reaccionaron endureciéndose, ahora tienen al peronismo muy fragmentado y a la izquierda, que entonces todavía estaba vinculada al gobierno y de hecho apoyó el asedio contra el Grupo Clarín, en la orilla de enfrente.

En cualquier caso, la era Kirchner da sus últimas boqueadas y ha arrancado el proceso de sucesión.

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