The Sociologist

Blog de Magdalena Gil, socióloga

Jueves 10 de abril de 2014 1887636

Chile: tradición en predecir terremotos

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Prácticamente no hay ningún gran terremoto en la historia de Chile que no haya sido predicho. O al menos que no exista alguien que clame haberlo predicho. La mayoría de estas predicciones han sido hechas ocupando métodos “solilunares” o “soléctricos”, también llamados astrológicos. Es decir, usando como indicador la posición relativa de los astros (estrellas, el sol, la luna) respecto a la tierra, y asumiendo -en general- que la relación está dada por la atracción que estos astros ejercerían sobre las masas liquidas bajo la corteza terrestre. Pero antes de que estos métodos se hicieran famosos, el mecanismo más común de predicción fue también asociado a los cielos.

Desde la colonia que fueron los sueños o alucinaciones de algunos iluminados, usualmente sacerdotes o monjas, que advirtieron del castigo divino que se avecinaba.

La ruina de Concepción en 1835, por ejemplo, la predijo un cura de Chillán llamado José Antonio Vera. Unos meses antes de la catástrofe el Padre Vera entró “en trance” y señaló que pronto caería el castigo del cielo. Esto se repitió varias veces hasta que el domingo antes del sismo, el sacerdote habría agregado “y vendrá antes del próximo domingo”, lo que fue confirmado exactamente ese domingo con la ruina de Concepción y sus alrededores (incluido Chillán).

Durante la Colonia, son varios los terremotos predichos por este mismo método, por no decir todos.  En Santiago, una monja se hizo tan famosa por sus predicciones sísmicas que llego hasta a pronosticar sismos en Lima.Y por supuesto, nunca faltó el sacerdote dispuesto a interpretar las causas del enojo divino.

Pero post independencia ha sido bastante más común que las predicciones vengan de lo que podemos llamar “sismologías derrotadas”: teorías sismológicas alternativas al consenso actual que explica los terremotos de manera completamente geológica. Es decir, el paradigma científico que fija las causas de los grandes sismos exclusivamente bajo la corteza terrestre y los declara impredecibles (al menos hasta hoy). Dentro de estas sismologías derrotadas, las teorías astronómicas han sido las favoritas de los chilenos, al mismo tiempo que son las que menos han influido en la sismología moderna.

Varios de quienes se han dedicado al arte de predecir terremotos en Chile usando este método han sido extranjeros. Los más notables son el ex sacerdote austriaco Rudolf Falb a mediados del siglo XIX y el marino inglés Alfred Cooper a principios del siguiente siglo. Tanto Falb como Cooper encontraron en Chile más público para sus teorías que las que encontraron en sus países de origen, o en cualquier otro país. No es de sorprenderse que esto sea así. En un país como Chile, donde prácticamente tiembla todos los días y algún temblor es significativo -en promedio- cada dos semanas, es muy improbable que un anuncio de “días críticos” termine con cero temblor.

Y aun así, es importante aclarar de antemano que tanto Falb como Cooper -así como las monjas y los curas iluminados antes que ellos- tuvieron muchísimos más desaciertos que aciertos, y por lo tanto terminaron completamente desacreditados ante los ojos de la mayoría de sus contemporáneos. Sucede, eso sí, que al haber tenido ambos su “golpe de suerte”, han influido en mantener viva esta “tradición soléctrica” en nuestro país.

“¡Ay! De tantos infelices/ donde iremos a parar/ si esto se llega a efectuar/aunque patraña parece/que en noviembre el día trece/ el mundo se va a acabar”, escribió el poeta chileno Liborio Salgado a propósito de los pronósticos de Falb. El terremoto del que habla, pronosticado para el 13 de noviembre de 1869, no ocurrió. Pero el año anterior Falb se había hecho famoso prediciendo el desastre de Arica e Iquique en uno de los primeras ediciones de su revista “Sirius”.

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Luego de esta predicción, Flab escribió su libro “Solectrics” (1869) y supo aprovechar sus quince minutos de fama. Predicciones para los años siguientes en Lima y distintos lugares de Europa -algunas anunciando el fin del mundo- no tuvieron la misma exactitud. Según reportes de la época, hasta 5,000 personas en Valparaíso y Lima habrían pasado más de una noche en la intemperie aguardando algún terremoto de Falb que nunca llegó. Por esto, Falb fue atacado continuamente por los que hoy son considerados padres de la sismología, especialmente Rudolf Hoernes y JohnMilne, acusándolo de causar pánico en la población.

Con esto pareció que la teoría de Falb pasaría rápidamente al olvido, pero en 1877 visita Chile y su fama toma vuelo de nuevo. Sin nunca haber sido publicado en Inglés (sólo sus autopublicaciones en Alemán), el libro de Falb es traducido al español en Valparaíso con un prólogo en que agradece a varios vecinos notables -en su mayoría de la colonia alemana- por el recibimiento y la buena onda. Después de eso, Falb fue incluido en varios textos que tratan el tema de los terremotos en Chile, e incluso le valió una mención de Benjamín VicuñaMackenna en su “Ensayo histórico del clima de Chile” (1877). En esa época, el consenso científico ya iba por otro lado; las causas de los temblores debían buscarse al interior de la tierra, pero en Chile no nos dábamos por vencidos.

El caso más famoso de predicción astral fue el anuncio del gran terremoto de Valparaíso de 1906 por parte de la Armada de Chile. El 6 de agosto de 1906 fue publicado en El Mercurio de Valparaíso un comunicado señalando que: “la sección de Meteorología de la Dirección del Territorio Marítimo ha pronosticado fenómenos atmosféricos y sísmicos para el día 16 de este mes, basada en las siguientes observaciones. El día fijado habrá conjunción de Neptuno con la Luna y máxima declinación norte de ésta. A causa de estas situaciones de los Astros, la circunferencia de círculo peligroso pasa por Valparaíso y el punto crítico formado con la del Sol cae sobre las inmediaciones del puerto. Capitán Arturo Middelton.”La predicción fue casi exacta en fecha y lugar.

Al ser entrevistado sobre cómo hizo su predicción, el capitán Middelton señaló que había usado los métodos publicados por el capitán Alfred J. Cooper, un marino mercante inglés que en 1902 había escrito un artículo llamado “Las causas de tiempo y los terremotos con cuatro diagramas” (publicado por él mismo). Nadie sabe bien de dónde sacó Cooper sus ideas, pues jamás citó a nadie en sus escritos. Pero probablemente se había leído las teorías “lunisolares” de Falb y se olvidó de citar (cabe decir que Falb también fue acusado de olvidarse de citar a otros antes que él).

En Chile, el Capitán Middelton tampoco se acordaba de las predicciones de Falb el siglo anterior, pero las suyas no aparecieron de la nada ni fue una mera copucha de Cooper lo que lo llevó a publicar su anuncio. Como describe José Luis Giordano en su libro “La predicción del terremoto de 1906 ¿ciencia o fantasía?”(2013, Editorial Académica Española), los “soléctricos” tenían su grupete en la sección de meteorología de la marina chilena -actual SHOA- hace algunos años, practicando con las teorías y métodos de Cooper al menos desde 1901. Es por ello que poca gente había pescado la predicción de Middelton. Anuncios como este no eran extraños y estaban completamente desprestigiados. Luego de esta predicción, sin embargo, la prensa se volvió loca anunciando terremotos hasta que se vieron obligados, probablemente por el gobierno, a declarar que “el periodo de temblores ha cesado”.

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Aun así, en la sociedad chilena la “teoría de Cooper” y las predicciones del Capitán Middelton fueron discutidas apasionadamente, tanto por sus partidarios como por sus detractores. Olbrecht, director del Observatorio Astronómico, salió a explicar que una conjunción astronómica como la del 16 de agosto de 1906 es algo muy común, por lo que era imposible confirmar alguna relación con el temblor. La crítica se extendió con artículos citando desde Humboldt a Aristóteles. Pero el Capitán Middelton no echó pie atrás y publicó un artículo que incluía hasta una fórmula para que cada chileno intentara calcular “días críticos”. La discusión se extendió tanto, que en 1922 el New York Times publicó una crónica sobre el denominado “Debate Cooper” que tenía a los chilenos en vilo.

Después de esta polémica, el gobierno decidió tomar cartas en el asunto y fundó el Servicio Sismológico. El Capitán Middelton pasó a retiro poco más de un año después de su predicción, tenía aproximadamente 25 años. Según consta en el libro de Giordano, Middelton se tomó muy mal las críticas que recibió por sus innumerables falsos pronósticos, y angustiado por no poder superar su único golpe de suerte, terminó retractándose de su apoyo a las teorías soléctricas poco antes de morir, a los 35 años (Cooper en cambio las defendió hasta el final, y expandió sus reportes a huracanes y tormentas).

Pero nada de eso bastó para que los chilenos dejaran de intentar predecir terremotos y confiar en quien clama poder hacerlo. El astrónomo Albert Porta afirmó haber predicho el terremoto de 1922, Julio Bustos -también astrónomo- aseguró haber predicho un terremoto menor en 1933 (y aprovechó su minuto de fama para contradecir a Einstein). En 1939, otro oficial de la marina aseguró haber predicho el desastre en Chillán usando los mismos métodos de Middelton. El capitán Ricardo De la Carrera habría anunciado la noche anterior, en una comida entre amigos marinos, que temblaría fuertemente el día siguiente, ya que se encontraban en días críticos.  Siguiendo la tradición de Cooper y Falb antes que él, De La Carrera también escribió un libro sobre su método, pero luego de su hit prediciendo el terremoto de 1939 -supuestamente, porque al no mandar aviso al diario no tenemos registro-, tampoco logró tener más aciertos relevantes.

Y es así como en nuestro país la fascinación por mirar a las estrellas buscando respuestas para lo que sucede bajo tierra parece no morir nunca. Ya lo dijo la gran viajera inglesa Mary Graham cuando le tocó el terremoto de 1822 en Valparaíso: “La superstición se encuentra siempre ocupada en momentos de calamidad, pensando que el momento es, sin duda, favorable para retomar el camino perdido en el último tiempo.”

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