Blog de Gonzalo Cordero

Blog de Gonzalo Cordero, abogado

Martes 10 de mayo de 2016 rivas

El estándar Rivas

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Se dice que Chile cambió lo cual es parcialmente cierto, porque aunque las sociedades evolucionan siguen conformadas por seres humanos de naturaleza invariable.  Los que miran sólo el presente y creen que se puede entender el país haciendo encuestas ignoran esto, porque el presente tiene un eco evidente del pasado.  Las sociedades, igual que las personas, si cometen los mismos errores probablemente volverán a sufrir los mismos fracasos.

La crisis de nuestra democracia en la segunda mitad del siglo pasado tuvo dos causas principales: una económica y otra política.  La primera, asociada fundamentalmente con la hiperinflación a la que condujo un Estado que endémicamente gastó por encima de sus ingresos; la segunda, por la polarización agudizada por el proyecto de revolución política de la Unidad Popular.

En pocas palabras, desorden fiscal y exceso de ideología; por supuesto nada ocurrió de un día para otro, fue un largo proceso en una sociedad ciertamente diferente a la de hoy.  Pero ¿era completamente diferente, estamos inmunizados de volver a caer en un ciclo comparable?  Por cierto que no, a pesar que hoy se asegura la responsabilidad fiscal como un valor intocable, el solo hecho de recoger los derechos sociales en la Constitución abre una puerta obviamente peligrosa.  Esto no es así en Francia o  Dinamarca, pero ellos tienen su historia y nosotros la nuestra.

La polarización, por su parte, se instaló con la pérdida de las formas en la discusión democrática y luego con la violencia verbal que, progresivamente, derivó en un ambiente de enfrentamiento entre bandos de enemigos irreconciliables.

Cuatro décadas después nuevamente el debate se ha deteriorado sensiblemente; ahora bajo la excusa del cambio social y que ya no se aceptan los privilegios, se ha puesto de moda una actitud irreverente que se expresa como la reivindicación de cierto derecho a insultar a los poderosos, “porque se lo merecen”.  

A lo anterior se suma un estilo “justiciero” que prescinde de las competencias, los procedimientos y el contenido de la ley cada vez que se trata de satisfacer la demanda por una especie de justicia popular retributiva. El Diputado Rivas instaló el estándar máximo hasta ahora, insultando al empresario Andrónico Luksic con el léxico propio de un aventajado miembro de barra brava.

Adornan el paisaje, también, una serie de comentaristas u opinólogos que se trepan agilmente a la colina formada por sus auto atribuidas virtudes y desde allí juzgan hacia abajo al resto, dictaminando con la certeza de puritano del siglo XVII acerca de la integridad moral y las intenciones de los demás. Si Hernán Büchi decide residir en el extranjero no se hace un juicio sobre el componente público de sus razones, simplemente se lo califica de “car’e raja”, “miserable” y algo más.  Codicia, vileza y corrupción se reparten a diario en comentarios proferidos en todas las plataformas existentes.

Es indispensable detener el deterioro de la convivencia cívica que se está produciendo por este ambiente en que cada semana se espera el linchamiento siguiente, o en unos años más nos enfrentaremos a que, en realidad, es poco lo que Chile cambió.

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