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Sábado 27 de agosto de 2016 nueva mayoría

CEP: El Chile que se fue y el que viene

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LA ÚLTIMA encuesta CEP es un hito, porque recoge un momento de cambio en nuestra política que es de tal profundidad que marca el fin de un ciclo de décadas y la apertura de otro cuya duración no podemos anticipar. Entiendo que mi afirmación puede parecer exagerada, pero intentaré justificarla.

La Nueva Mayoría, está claro, es solo un pacto electoral, porque los partidos, y específicamente sus dirigentes, no comparten un proyecto político; más aún, a estas alturas es evidente que no comparten ni el programa de gobierno. Se unieron porque tenían una candidata cuya gestión pasada era aceptable para algunos y cuyas promesas de futuro conformaban a los otros. Pero pasado y expectativas de futuro eran completamente diferentes. Con el transcurso del tiempo, esto ha sido evidente para todos.

El expresidente Lagos era la única y última opción para intentar mantener un acuerdo amplio, con pérdidas marginales y con la posibilidad de obligar a los comunistas a una suerte de contrato de adhesión. “El proyecto es este, tómenlo o déjenlo”. Pero la encuesta mostró que no es competitivo con el expresidente Piñera y, lo que es peor, sí asoma una opción electoralmente fuerte: el senador Alejandro Guillier.

El problema es que Guillier no los aúna, es políticamente intragable para un sector de la DC y para buena parte del PPD, la que no anda en retroexcavadora. Ahora ellos no tienen buenas razones para quedarse en un pacto que se proyecta hacia una dirección que los llevaría a su desaparición. Es lo que Pepe Auth dijo muy gráficamente cuando señaló que el PPD era como un vanidoso que se mira en espejo ajeno. Obviamente el espejo es esa izquierda en la que no se reflejan.

Las circunstancias que dieron lugar al mapa político de la transición ya no existen; el sistema electoral que permitía dos grandes pactos tampoco; menos un liderazgo que los mantenga unidos; y, por último, ni siquiera hay un adversario que los aglutine. Aunque lo nieguen, es obvio que hay varios DC que se sienten mucho más cercanos a Piñera que a la Presidenta Bachelet o a Guillier.

Extinguidas las razones que forjaron la affectio societatis en el pasado; con un sistema electoral que le permite a la centroizquierda disputar cupos en el Congreso; con un candidato -Guillier- que da claros indicios de que va a ir a buscar los votos de “la calle”; y con una renovación de liderazgos que viene, por la izquierda, desde más allá de la Nueva Mayoría (Boric y Jackson), este naipe se rebaraja de todas maneras.

Lo que le da al problema una profundidad que anticipa una solución con cuotas importantes de dramatismo es que no se trata de un reordenamiento de partidos, sino el quiebre de la DC y, probablemente, la partida de dirigentes importantes del PPD. En el Partido Por la Democracia esto ya empezó a ocurrir con Andrés Velasco y siguió con Auth; en la DC la próxima Junta Nacional va a ser la “madre de todas las batallas”, porque define quién se queda “con el timbre y la campanilla”.

Todo augura polarización, y en ese ambiente la centroderecha tiene un gran desafío: perfilar una identidad muy clara, porque el río va a estar muy revuelto y habrá varios pescadores tirando red.  Ese es el Chile que viene.

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